¿Podemos cambiar el mundo?

Influimos y cambiamos el mundo todo el tiempo. Pero no lo notamos. La imposibilidad de notar la forma en que cada uno podemos “cambiar” el mundo con nuestras acciones y omisiones radica en la imposibilidad de observar lo que sería de éste de haber hecho algo distinto a lo que hicimos, de haber dado un paso en otro sentido, o haber actuado de cualquier forma ahí donde omitimos. Esto es, que siempre, en todo momento, decretamos nuestra incapacidad de “cambiar” el mundo desde un punto de normalidad en que el “cambio” ya se ha realizado, desde el que parece que todo sigue siempre igual, ciegos a las demás alternativas no realizadas. No podemos montarnos sobre la cabeza del Demiurgo y contemplar desde ahí mundos paralelos y dimensiones alternas. Si acaso podemos imaginarlas, unos más y con más detalle, otros menos. Ahora bien, siendo más puristas en el lenguaje, ciertamente no se puede cambiar el mundo, pues ‘cambiar’ es sustituir una cosa por otra, y ni en el pasado ni en el presente podemos cambiar lo que ha sido o lo que es por algo distinto. Pero tampoco en el futuro podemos cambiar nada, puesto que nada se ha realizado ni es ni ha acontecido ni tenemos tal poder para hacer desaparecer una cosa en favor de otra. Lo que se puede es incidir, influir, afectar el devenir del mundo a partir de nuestra especificidad, unos con más poder, otros con menos. O mejor dicho, no se puede dejar de hacerlo, no se puede dejar de influir y afectar al mundo, es una condición de necesidad de nuestro estar en él; pero se puede elegir de qué manera y en qué sentido intentarlo, algunas veces con más éxito, según lo esperado, otras con menos. Lo que se puede ‘cambiar’ cuando influimos o afectamos al mundo es el rumbo de su devenir, aunque “rumbo” solo sea una especulación, una predicción más o menos acertada del futuro, pero repleta de imponderables. Es decir, lo que cambiamos es nuestra expectativa razonable del futuro del mundo, de lo real, a partir de nuestra influencia o “ausencia” de ésta. Eso sí lo podemos permutar, nuestra expectativa a partir de nuestras decisiones. El mundo siempre está cambiando en la línea del tiempo y de la Historia, en su perpetuo devenir, y siempre con nuestra participación, de cada uno, voluntaria o involuntaria, activa o pasiva, pero inevitable. Ni siquiera podemos sentarnos solo a contemplar sin intervenir, porque no podemos abstraernos del mundo; allí en donde nos sentemos afectamos, y el mundo, la realidad, pasará por encima de nosotros y a más de un fenómeno haremos tropezar o virar. Sin embargo, cada uno podemos elegir como incidir en el rumbo de ese devenir, y nuestro poder de injerencia en la Historia será siempre mayor y más perceptible uniéndonos con otros. Otra razón por la que no notamos nuestra influencia en el devenir del mundo es porque el mundo en sus grandes aspectos sufre cambios lentos, imperceptibles desde la cotidianidad en la que no solemos pensar los cambios, ni participar voluntariamente, ni estar informándonos, pendientes de ellos. Nuestra puerilidad emocional nos hace reclamar cambios grandes, a gran escala e inmediatos. Es preciso cambiar eso en cada uno, madurar, y compartir conscientemente la responsabilidad, el timón de la Historia del mundo y de la Humanidad.

Erik Quintanar

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El Buen Sexo

El Buen Sexo es el arte-vicio de ser sujeto-objeto.

Erik Quintanar

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Putas

A muchas mujeres les gusta andar de “putas”, usar minifaldas, levantarse las nalgas, usar minitops y rellenarse las tetas, resaltar el rojo de los labios y tongonearse al caminar, sacarse miles de fotos y compartirlas con todo mundo, alborotar la testosterona de hombres y hasta de hembras. A veces la gallada se les sale de control y las lastiman, pero ellas quieren alebrestar a la gallada y ser tomadas como objetos en la pasión, siendo en el fondo sujetos, amas, dueñas de la situación, esperando que los excesos no sean tan dolorosos, pero buscando esos excesos, esa fuerza que las someta y ufanarse de su capacidad para controlarla a placer, aunque el descontrol total promete el mayor placer… (puntos suspensivos) No a todas las mujeres les gusta andar de “putas”, no se engañen, hombres, y aún las que gustan de ello tienen límites, porque nunca son completamente objetos, no dejan de ser sujetos con una voluntad que necesita cumplirse, que necesita ser respetada. Las mujeres suelen ser contradictorias, usted lo sabe, y muchos hombres suelen ser tontos, brutos, animales que quieren “putas” y escapar de las consecuencias.

Erik Quintanar

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¿Degradarse a sí mismo?

¿Y no hemos pensado que a muchas mujeres les gusta ser objeto sexual, y que en su libre elección de ser objetivadas son plenamente sujetos? ¿Puede uno degradarse a sí mismo de sujeto a objeto?

Erik Quintanar

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De la soberanía y el bien común

No hay bien común sin soberanía popular. El Estado representativo, paternalista, proveedor del bien común es una falacia, una muletilla histórica infantilista, una perversidad prolongada por la fuerza. Los ciudadanos y la sociedad deben dirigir sus esfuerzos tan pronto como cobren consciencia de sus derechos individuales y colectivos naturales, y tan esmeradamente como les sea posible, a cristalizar su potencial y latente soberanía absoluta mediante la organización independiente y la coordinación de los ciudadanos, al margen de las instituciones representativas, partidos políticos y gobierno, para erigirse efectivamente en voz de mando. Este es el principio del auténtico bien común, la autodeterminación. No hay pueblo sabio, fuerte ni feliz sin este primer paso.

Erik Quintanar

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Abuso de fuerza femenino

Si una mujer tiene la capacidad de noquear a un hombre, y algunas la tienen, también tiene la capacidad de abusar de su fuerza, y algunas lo hacen. Más allá de lo humillante que pueda resultar para el hombre, el de esa mujer es un acto igualmente deleznable que si lo realizara cualquier hombre.

Erik Quintanar

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Del estilo

Una de las principales cualidades que una mujer posee es la capacidad de desarrollar estilo a partir de su naturaleza bruta, de sus características primarias y animales; y es esa cualidad una de las que genera más diferencia entre unas y otras. No diremos que esa cualidad es superior a la profundidad y agudeza intelectual y espiritual, o a la pasión con que es capaz de vivir, o a su moralidad y capacidad de compromiso, pero sí que es una cualidad con enorme impacto social, quizá más en sociedades individualistas.

Erik Quintanar

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