La mujer te ama

La mujer no te ama por lo que eres, no way!, te ama o por lo que haces por ella, o por lo que cree que eres. Y solo te ama con locura cuando te ama por lo que cree que eres. Pero cuando te ama por lo que haces por ella te ama con inteligencia y madurez, y solo entonces quizá comenzará a amarte por lo que eres, al cabo de los años. Quizá.

Erik Quintanar

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Homofobia

Usted se rehúsa a aceptar como normal la homosexualidad de una persona por temor a sucumbir a sus encantos. ¿Pero eso significa que todos los homosexuales son encantadores? No, significa que a lo que en realidad tiene miedo es a sucumbir a sus propios impulsos, esos que le enseñaron de niño a rechazar con todas sus fuerzas, so pena de ser humillado, rechazado, condenado, expulsado y violentado, pero que ni siquiera sabe si los tiene o no los tiene, aunque sospecha que quizá. Quizá es normal tenerlos, no para todos, para quien los tiene, quizá es inevitable. Usted está lleno de miedo. El odio siempre es producto del miedo, y es esclavitud.

Erik Quintanar

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Miedo a la locura

Quien no ha sentido miedo de estar volviéndose loco nunca se ha atrevido a ser él mismo, pero quien permanece afectado por el miedo está atrapado entre el miedo de ser y el de no ser, y no es ni hombre ni borrego.

Erik Quintanar

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Verdad, bondad y belleza del discurso

Cuando andamos por ahí afirmando cosas debemos buscar que nuestro discurso sea verdadero y ser capaces de sustentarlo, pero no solo debemos buscar que sea verdadero, también debemos procurar que sea bueno y justo, tanto en el sentido moral como en el sentido de utilidad, y además debemos cuidar que sea bello y produzca felicidad, puesto que lo feo fácilmente ofende y pasa por malintencionado.

Erik Quintanar

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Sin ánimo de ofender

Cuando en una discusión usted le dice a su interlocutor algo como “sin ánimo de ofender, pero…” lo que en realidad está diciendo es que va a soltar un madrazo pero no se quiere hacer cargo de la responsabilidad moral. Lo honesto sería que simplemente lo soltara y se hiciera cargo de los costos y las reparaciones.

Erik Quintanar

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¿Podemos cambiar el mundo?

Influimos y cambiamos el mundo todo el tiempo. Pero no lo notamos. La imposibilidad de notar la forma en que cada uno podemos “cambiar” el mundo con nuestras acciones y omisiones radica en la imposibilidad de observar lo que sería de éste de haber hecho algo distinto a lo que hicimos, de haber dado un paso en otro sentido, o haber actuado de cualquier forma ahí donde omitimos. Esto es, que siempre, en todo momento, decretamos nuestra incapacidad de “cambiar” el mundo desde un punto de normalidad en que el “cambio” ya se ha realizado, desde el que parece que todo sigue siempre igual, ciegos a las demás alternativas no realizadas. No podemos montarnos sobre la cabeza del Demiurgo y contemplar desde ahí mundos paralelos y dimensiones alternas. Si acaso podemos imaginarlas, unos más y con más detalle, otros menos. Ahora bien, siendo más puristas en el lenguaje, ciertamente no se puede cambiar el mundo, pues ‘cambiar’ es sustituir una cosa por otra, y ni en el pasado ni en el presente podemos cambiar lo que ha sido o lo que es por algo distinto. Pero tampoco en el futuro podemos cambiar nada, puesto que nada se ha realizado ni es ni ha acontecido ni tenemos tal poder para hacer desaparecer una cosa en favor de otra. Lo que se puede es incidir, influir, afectar el devenir del mundo a partir de nuestra especificidad, unos con más poder, otros con menos. O mejor dicho, no se puede dejar de hacerlo, no se puede dejar de influir y afectar al mundo, es una condición de necesidad de nuestro estar en él; pero se puede elegir de qué manera y en qué sentido intentarlo, algunas veces con más éxito, según lo esperado, otras con menos. Lo que se puede ‘cambiar’ cuando influimos o afectamos al mundo es el rumbo de su devenir, aunque “rumbo” solo sea una especulación, una predicción más o menos acertada del futuro, pero repleta de imponderables. Es decir, lo que cambiamos es nuestra expectativa razonable del futuro del mundo, de lo real, a partir de nuestra influencia o “ausencia” de ésta. Eso sí lo podemos permutar, nuestra expectativa a partir de nuestras decisiones. El mundo siempre está cambiando en la línea del tiempo y de la Historia, en su perpetuo devenir, y siempre con nuestra participación, de cada uno, voluntaria o involuntaria, activa o pasiva, pero inevitable. Ni siquiera podemos sentarnos solo a contemplar sin intervenir, porque no podemos abstraernos del mundo; allí en donde nos sentemos afectamos, y el mundo, la realidad, pasará por encima de nosotros y a más de un fenómeno haremos tropezar o virar. Sin embargo, cada uno podemos elegir como incidir en el rumbo de ese devenir, y nuestro poder de injerencia en la Historia será siempre mayor y más perceptible uniéndonos con otros. Otra razón por la que no notamos nuestra influencia en el devenir del mundo es porque el mundo en sus grandes aspectos sufre cambios lentos, imperceptibles desde la cotidianidad en la que no solemos pensar los cambios, ni participar voluntariamente, ni estar informándonos, pendientes de ellos. Nuestra puerilidad emocional nos hace reclamar cambios grandes, a gran escala e inmediatos. Es preciso cambiar eso en cada uno, madurar, y compartir conscientemente la responsabilidad, el timón de la Historia del mundo y de la Humanidad.

Erik Quintanar

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El Buen Sexo

El Buen Sexo es el arte-vicio de ser sujeto-objeto.

Erik Quintanar

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